Los Náufragos del Liguria
Los Náufragos del Liguria —¡A las bombas! ¡A las bombas!
—¡Y aquellos miserables huyen!
Un hombre medio desnudo de mediana estatura, pero tan fuerte y robusto como un novillo y con la cara cubierta por fosca barba, se lanzó fuera de la camareta de popa gritando:
—¿Qué es lo que sucede?
El oficial de cuarto que abandonaba en aquel momento el castillo de proa, se precipitó a su encuentro diciendo con voz ronca:
—¡Capitán… los rebeldes se han escapado!
—¡Los dos malteses!
—¡Sà capitán!
—Pero… ¿Cuándo?
—¡Ahora mismo!
—¿Por donde? ¿No estaban encadenados?
—¡Sà señor! pero creo que han roto las cadenas.
—¡Mil bombas! ¡Traedme un fusil y dad orden para perseguirlos, o yo…!
—¡Es imposible, capitán!
—¿Quién dice eso? —gritó el capitán.
—¡Tenemos fuego a bordo!
Al oÃr esto el capitán dio algunos pasos atrás, y su enérgica y bronceada fisonomÃa palideció.
