Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem De sus bocas no salió ni un lamento, ni una sola queja por sus compañeros, sus hermanos, sus hijos, sus padres, muertos en la desastrosa expedición. Pero brotaban de cuando en cuando gritos tremendos.
—¡Venganza para nuestros compañeros! ¡Vamos a Labuán a exterminar a los enemigos de Mompracem!
—¡Amigos —dijo Sandokán, con su extraño acento metálico que los fascinaba—, la venganza no tardará! ¡Iremos otra vez a esa tierra de los leopardos y les devolveremos rugido por rugido, sangre por sangre! ¡El dÃa de la lucha, los tigres de Mompracem devorarán a los leopardos de Labuán!
—¡A Labuán! —gritaron frenéticos los piratas, agitando las armas.
—Yáñez, ¿está todo dispuesto?
Yáñez pareció no oÃrlo. Miraba hacia un promontorio que se internaba en el mar.
—Por detrás de la escollera veo el extremo de un mástil —dijo.
—¿Será un parao nuestro?
—Otro no se atreverÃa a acercarse a nuestras costas. Falta el velero de Pisangu; ha de ser él.
—Puede traerme alguna noticia de Labuán —exclamó Sandokán— Esperémoslo.