Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Lloraba. El lord la acusaba de haber favorecido su fuga, y ella invocaba piedad para usted.
—¿Lo oyes, Yáñez? —exclamó Sandokán, emocionado.
—Como resultó infructuosa la persecución —prosiguió el caporal—, quedamos acampados cerca de la quinta para protegerla contra el probable asalto de los piratas de Mompracem. CorrÃan noticias poco tranquilizadoras. Se decÃa que habÃa habido un desembarco y que el Tigre estaba oculto en los bosques, dispuesto a raptar a lady Mariana. Lord Guillonk decidió retirarse a Victoria para ponerse bajo la protección de los cruceros y de los fuertes.
—¿Y el baronet Rosenthal?
—Se casará en breve con lady Mariana. Dentro de un mes será el matrimonio.
—¡Quieres engañarme! Lady Mariana detesta a ese hombre.
—Eso no le importa a lord Guillonk.
Sandokán dio un rugido de fiera. Un espasmo terrible le desfiguró la cara.
—Si me has mentido te descuartizo.
—Le juro que dije la verdad.
—Si no has mentido, te daré tu peso en oro.
En seguida se volvió hacia Yáñez y le dijo con tono resuelto:
—¡Partamos!