Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Lord James ha de conocer muy bien la audacia del Tigre de la Malasia. ¡Por todos los rayos, cuántas precauciones!
—Entonces, también vigilarán a Mariana y no podrá venir a la cita.
—Es probable.
—¡Pues yo la veré, como sea!
—¿Cómo?
—¡Escalaré la ventana! Para eso me pediste que trajera una cuerda.
—¿Y si nos sorprenden los soldados?
—¡Lucharemos!
—¿Los dos solos?
—Ya sabes que nos tienen miedo, y que nosotros nos batimos por diez.
—SÃ, siempre que las balas no vengan demasiado espesas. ¡Mira! Unos soldados se marchan, salen del parque.
—¿Irán a vigilar los alrededores?
—Eso temo.
—¡Mejor para nosotros!
—Puede que sÃ. Ahora esperemos a la medianoche. Encendió con grandes precauciones un cigarro, se tendió al lado de Sandokán y fumó con tanta tranquilidad como si estuviera en la cubierta de uno de sus paraos.