Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Zarpemos! —ordenó el pirata.
—¿Qué ruta? —preguntó Sabau, que habÃa tomado el mando del barco más grande.
—Derecho a las islas Romades —contestó el jefe. Volviéndose hacia la tripulación, gritó:
—¡Tigrecitos, abran bien los ojos! ¡Tenemos que saquear un junco!
Los dos barcos con los cuales iba a emprender el Tigre su audaz expedición, no eran dos paraos corrientes. Sandokán y Yáñez, que en cosas de mar no tenÃan competidor en toda la Malasia, habÃan modificado sus veleros para hacer frente con ventaja a las naves enemigas. Conservaron las inmensas velas, pero dieron mayores dimensiones y formas más esbeltas a los cascos, al propio tiempo que reforzaron sólidamente las proas. Además eliminaron uno de los dos timones para facilitar el abordaje.
A pesar de que ambas naves se encontraban todavÃa a gran distancia de las Romades, apenas difundida la noticia de la presencia del junco, los piratas empezaron a ejecutar las operaciones necesarias para disponer el combate.