Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —SÃ, pero con un ojo abierto.
—Quisiera dormir con los dos ojos abiertos, hermano.
Aunque no se sentÃan muy tranquilos, los piratas se acurrucaron en medio de unos rosales y procuraron dormir.
A pesar de su buena voluntad, no pudieron cerrar los ojos. El temor de ver aparecer a los soldados los mantuvo despiertos. Para calmar la ansiedad, salieron varias veces para ver si se acercaban los enemigos.
Cuando despuntó el dÃa, los ingleses registraron el parque otra vez. Cuando se alejaron del invernadero, Yáñez y Sandokán aprovecharon para sacar naranjas que les sirvieron de desayuno.
Al cabo de algunas horas, Yáñez escuchó pasos. Ambos se levantaron empuñando los kriss.
—¿Volverán? —dijo el portugués.
—Si supiera que es uno solo, saldrÃa para tomarlo prisionero —dijo Sandokán.
—¡Estás loco!
—Por él podrÃamos saber dónde están los soldados y por qué parte podrÃamos pasar.
—Lo dudo. Estoy seguro de que nos engañarÃa.
—No se atreverÃa. ¿Qué te parece si vamos a ver?
—No te fÃes.
—Pero hay que hacer algo, amigo mÃo.