Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Sandokán empuñó el kriss, resuelto a luchar cuerpo a cuerpo. El animal se le vino encima, cuando se oyó un grito en la orilla opuesta:
—¡El capitán!
En seguida resonó un disparo. El orangután cayó muerto en el arroyo.
El hombre que acababa de matar al temible mono se lanzó al rÃo y gritó:
—¡El capitán! ¡El señor Yáñez! ¡Qué contento estoy de haberle metido una bala en el cráneo a ese orangután!
—¡Paranoa! —exclamaron con júbilo los dos piratas.
—¡En persona!
—¿Qué haces en esta selva?
—Lo buscaba, mi capitán. Vi a varios ingleses acompañados de perros y me figuré que los buscaban por aquÃ.
—¿Llegaron ya todos los paraos? —preguntó Sandokán con ansiedad.
—Cuando salà a buscarlos no habÃa venido ninguno más que el mÃo.
—¿Cuándo te alejaste de la boca del rÃo?
—Ayer por la mañana.
—Quizás los empujó la tempestad muy al norte —murmuró el Tigre.
—Puede ser, mi capitán —dijo Paranoa.