Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Quieres atacar la quinta?
—Eso ya se verá. Pero te juro que no saldré de Labuán sin llevarme a Mariana, aunque tenga que luchar contra toda la guarnición de Victoria. Quizás de ella dependa la salvación o la caÃda de Mompracem. ¡El destino de Mompracem está en sus manos, Yáñez!
Guiados por Paranoa subieron a la orilla del rÃo y se internaron por un antiguo sendero que habÃa descubierto el malayo algunas horas antes.
Durante cinco horas caminaron por el bosque y a la puesta del sol llegaban al riachuelo que desembocaba en la bahÃa. HabÃa caÃdo la noche cuando llegaron finalmente a la bahÃa.
—Mire, capitán —dijo Paranoa—. Allá se distingue el farol de nuestro parao.
—¿Qué señal hay que hacerle para que se acerque?
—Encender dos hogueras en la costa —contestó Paranoa.
—Vamos hacia la punta más saliente de la penÃnsula —dijo Yáñez—. Les señalaremos la ruta más exacta.
Un momento después los tres piratas vieron desaparecer el farol blanco del parao y brillar un punto rojo. Ya nos han visto —dijo Paranoa—; podemos apagar las hogueras.