Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —No, Tigre —contestó el pirata—. Durante la ausencia de Paranoa recorrí todas las costas vecinas, llegando hasta las de Borneo, pero no pudimos ver a ninguno de nuestros barcos.
—¿Qué crees que haya ocurrido?
—Creo, Tigre de la Malasia, que nuestros dos barcos se han hecho pedazos en las costas septentrionales de Borneo.
Sandokán se clavó las uñas en el pecho.
—¡Fatalidad! ¡Fatalidad! —murmuró—. ¡La niña de los cabellos de oro traerá la desgracia a los tigres de Mompracem!
—¡Ánimo, hermano! —le dijo Yáñez, poniendo una mano sobre su hombro—. No nos desesperemos todavía. Quizás nuestros paraos fueron arrastrados lejos y con tan grandes averías que no hayan podido volver hasta ahora al mar. Mientras no encuentre sus restos no creeré que se hayan hundido.
—Pero no podemos esperar más, Yáñez. No sé si el lord permanecerá mucho tiempo en su quinta.
—Si se aleja, ahora tenemos bastantes hombres para atacarlo en el camino y raptar a su sobrina. —¿Intentarías un golpe de tal naturaleza?
—¿Y por qué no? Estoy madurando un magnífico plan y estoy seguro que dará excelente resultado. Déjame descansar esta noche y mañana haremos lo que haya que hacer.