Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Eres un héroe y tus hombres son dignos de ti! —le dijo Sandokán—. Le dirás al rajá Broocke que un dÃa cualquiera iré a anclar en la bahÃa de Sarawack y veremos si el exterminador de piratas es capaz de vencer a los mÃos.
En seguida se quitó del cuello un collar de diamantes de gran valor y se lo dio al capitán.
—Toma, valiente. Siento haber destruido tu junco, que tan bien has sabido defender. Pero con estos diamantes podrás comprar otros diez barcos nuevos.
—Pero, ¿quién es usted? —preguntó asombrado el capitán.
Sandokán se le acercó, le puso una mano en un hombro y le dijo:
—¡Yo soy el Tigre de la Malasia!
Y antes de que el capitán y sus marineros hubieran podido rehacerse de su aturdimiento y de su terror, Sandokán y los piratas volvieron a bajar a sus naves.
—¿Qué ruta? —preguntó Patán.
El Tigre extendió el brazo al Este y con voz metálica, en la que se advertÃa una vibración extraña, gritó:
—¡A Labuán!