Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Labuán!
En efecto, hacia el Este, donde el mar se confundÃa con el horizonte, apareció muy confusamente una sutil lÃnea oscura.
—¡Labuán! —repitió el pirata, respirando como si le hubieran quitado un gran peso del corazón.
Labuán, cuya superficie no pasa de ciento dieciséis kilómetros cuadrados, no tenÃa la importancia que tiene hoy. Ocupada por orden del gobierno inglés con el objeto de suprimir la piraterÃa, contaba en aquellos tiempos con unos mil habitantes, casi todos malayos y sólo unos doscientos de raza blanca. HacÃa muy poco que habÃan fundado una ciudadela, Victoria, rodeada de algunos fortines construidos para impedir que la destruyeran los piratas de Mompracem, que varias veces habÃan devastado las costas. El resto de la isla estaba cubierto de bosques espesÃsimos, todavÃa poblados de tigres.
Después de costear varios kilómetros de la isla, los dos paraos se introdujeron silenciosamente en un riachuelo cuyas orillas estaban cubiertas de espléndidos bosques. Remontaron la corriente unos setecientos metros y allà anclaron a la sombra de los árboles. Ningún crucero que recorriera la costa habrÃa podido sospechar la presencia de los piratas en ese lugar.
A mediodÃa Sandokán desembarcó, armado de su carabina y seguido por Patán.