Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem HabÃa recorrido unos cuantos kilómetros, cuando oyó ladridos lejanos.
—Alguien está cazando —dijo—. Vamos a ver.
Muy pronto se encontraron frente a un horrendo negrito, que sujetaba un mastÃn.
—¿Adónde vas? —dijo Sandokán, cortándole el paso.
—Busco la pista de un tigre.
—¿Y quién te ha dado permiso para cazar en mis bosques?
—Estoy al servicio de lord Guillonk.
—Dime, esclavo maldito, ¿has oÃdo hablar de una joven a quien llaman la Perla de Labuán?
—¿Quién no la conoce en esta isla? Es el ángel bueno de Labuán, a quien todos adoran.
—¿Es hermosa?
—Creo que no hay mujer alguna que pueda igualarla.
Un fuerte estremecimiento de emoción agitó al Tigre de la Malasia.
—¿Dónde vive? volvió a preguntar después de un breve silencio.
—A dos kilómetros de aquÃ, en medio de una pradera.
—Basta con eso. Vete, y si aprecias la vida no vuelvas atrás.
Le dio un puñado de oro y se echó al pie de un árbol.