Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Esperaremos la noche para espiar los alrededores —dijo.
Patán se tumbó a su lado, con la carabina en la mano. Hacia las siete de la tarde resonó un cañonazo. Sandokán se puso de pie de un salto, con el rostro demudado.
—¡Ven, Patán —exclamó—, veo sangre!
Se lanzó como un tigre a través de la floresta, seguido por el malayo que se veÃa en apuros para seguirlo.