Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem En menos de diez minutos llegaron los piratas a la orilla del rÃo. Todos sus hombres habÃan subido a bordo de los paraos y estaban ocupados en bajar las velas, pues no corrÃa viento.
—¿Qué sucede? —preguntó Sandokán subiendo al puente.
—Capitán, nos han descubierto —dijo Giro Batol—. Un crucero nos cierra el camino en la boca del rÃo.
—¿Conque los ingleses vienen a atacarnos? —dijo el Tigre—. Está bien. Tigrecitos, empuñen las armas y salgamos al mar. ¡Enseñemos a esos hombres cómo se baten los tigres de Mompracem!
—¡Viva el Tigre! —gritaron con entusiasmo los tripulantes—. ¡Al abordaje!
U n instante después ambos barcos descendÃan por el rÃo, y a los pocos minutos salÃan a plena mar.
A seiscientos metros de la costa navegaba a poca máquina un gran buque poderosamente armado. Se oÃa redoblar los tambores en su cubierta, llamando a la tripulación a sus puestos de combate.
Sandokán miró con frialdad al formidable adversario, sin que su mole le asustase en lo más mÃnimo, y gritó:
—¡Tigrecitos, a los remos!
Los piratas se precipitaron bajo cubierta, mientras los artilleros apuntaban los cañones. Los paraos volaban al impulso de los remos.
