Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem A medianoche, Yáñez, los jefes y todas las bandas se reunÃan con Sandokán ante la gran cabaña. El Tigre estaba vestido en traje de gala, de raso rojo, con turbante verde adornado con un penacho cuajado de brillantes. A la cintura llevaba dos kriss, insignia de gran jefe, y una espléndida cimitarra con la vaina de plata y la empuñadura de oro. A su lado tenÃa a Mariana.
—¡Amigos, mis fieles tigres! —dijo—. Los he llamado para decidir la suerte de Mompracem. Comprendo que mi misión vengadora ha concluido, que ya no sabré rugir ni combatir como en otros dÃas, que necesito reposo. Combatiré, sin embargo, una vez más al enemigo que quizás mañana venga a atacarnos, y después daré mi adiós a Mompracem y me iré lejos a vivir con esta mujer, a quien amo y que será mi esposa. ¿Quieren continuar las empresas del Tigre? Les dejo mis barcos y mis cañones. Pero si prefieren acompañarme a mi nueva patria, seguiré considerándolos como a mis hijos.
Los piratas no contestaron, pero muchos rostros, ennegrecidos por la pólvora de los cañones y los vientos del mar, se bañaban en lágrimas.
—¡Capitán, mi capitán! —exclamó Giro Batol, que lloraba como un niño—. ¡No abandone nuestra isla! ¡Nosotros la defenderemos!
—¡Milady —dijo Inioko—, quédese usted también con nosotros! Formaremos una muralla con nuestros cuerpos para protegerla de las balas de los enemigos.