Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Mira —indicó Sandokán—, hay barcos ingleses, holandeses, españoles, hasta paraos de ese miserable sultán de Varauni!
La escuadra agresora se componÃa de tres cruceros ingleses, dos corbetas holandesas, cuatro cañoneras españolas y ocho paraos del sultán. DisponÃan entre todos de unos mil quinientos hombres.
—¡Mil rayos! ¡Son muchos! —exclamó Yáñez.
—Pero nosotros somos valientes y nuestra roca es fuerte.
—¿Vencerás, Sandokán? —preguntó Mariana con voz temblorosa.
—¡Eso espero, amor mÃo! —contestó el pirata. Doscientos indÃgenas habÃan llegado del interior de la isla y ocupaban los puntos que les señalaran los piratas, quienes ya se encontraban en sus puestos detrás de los cañones.
—No está tan mal —dijo Yáñez—, seremos trescientos cincuenta para sostener el choque.
Sandokán confió a seis de los más valientes el cuidado de Mariana para que la internaran en los bosques a fin de no exponerla al peligro.
—Yo volveré a buscarte. No temas, querida mÃa, las balas seguirán respetando al Tigre de la Malasia.
La miró sonriendo, como si se despidiera, y en seguida echó a correr hacia los bastiones, gritando: