Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Arriba, tigrecitos, el capitán está con ustedes!
—¡Viva Sandokán!, ¡viva nuestra reina!
—¡Recuerden que defienden a la Perla de Labuán y que esos hombres que nos atacan son los que asesinaron a nuestros compañeros!
—¡Venganza! —gritaron a coro los piratas.
Un cañonazo derribó en ese momento la bandera que ondeaba en el bastión central.
Sandokán se estremeció y un dolor intenso se reflejó en su rostro.
—¡Odiada flota enemiga, hoy me vencerás! —exclamó.
Miró un instante a su alrededor, con profunda tristeza.
—¡Tigres, a limpiar el mar de enemigos! —gritó—. ¡Fuego!
A la orden del Tigre, todos dispararon a un tiempo, dejando oÃr una sola detonación. La escuadra, aunque muy maltratada por aquella primera y formidable descarga, no tardó en contestar.
No se perdÃa tiro de una parte ni de otra. La flota tenÃa la ventaja del número y la de poder moverse y dividir los fuegos del enemigo; pero a pesar de eso no adelantaba nada.