Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Vete a tu camarote, Mariana! —dijo Sandokán—. Dentro de poco caerá una granizada de balas sobre el puente. En ese momento resonó un cañonazo y una bala horadó dos velas.
—¡A tu camarote! —gritó Sandokán y cogió entre sus vigorosos brazos a Mariana y la llevó abajo.
—¡No te alejes de mi lado! —suplicó la joven—. ¡Tengo miedo por ti, Sandokán!
—¡Voy a enfrentar mi última batalla, a guiar una vez más a la victoria a los tigres de Mompracem!
—¡Déjame estar junto a ti! ¡Yo te defenderé contra las armas de tus enemigos!
—¡Me basto yo para arrojarlos al mar!
El pirata se soltó de los brazos de Mariana y se precipitó por la escalera, gritando:
—¡Adelante, mis valientes! ¡El Tigre de la Malasia está aquÃ!
La batalla arreciaba por ambas partes. La cañonera habÃa atacado al parao del portugués, pero llevaba la peor parte. La artillerÃa de Yáñez la tenÃa muy a maltraer. Por ese lado la victoria no ofrecÃa dudas. Pero la poderosa corbeta se habÃa echado encima de los paraos de Sandokán, haciendo estragos entre los piratas. La presencia del Tigre no pudo cambiar el resultado de la lucha.