Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Era imposible resistir tanta metralla. Unos minutos más y los dos pobres paraos quedarían reducidos a la nada.
Con una mirada, Sandokán comprendió la gravedad de la situación.
Desenvainando la cimitarra, gritó:
—¡Arriba, tigres, al abordaje!
La desesperación centuplicaba las fuerzas de los piratas. Descargaron de un solo golpe los dos cañones y las culebrinas para limpiar de fusileros las amuras, y en seguida lanzaron las grapas de abordaje.
A la cabeza de sus veinte seguidores, mientras Yáñez hacía saltar la cañonera de una granada en la santabárbara, Sandokán subió como un toro herido al abordaje sobre el puente del barco enemigo.
Chocó contra los marineros y los rechazó hasta la popa, pero por la proa irrumpió otra columna de hombres guiados por un oficial, a quien Sandokán reconoció de inmediato.
—¡Ah! ¿Eres tú, Rosenthal? —exclamó precipitándose sobre él.
—¿Dónde está Mariana? —preguntó el oficial.
—¡Tómala! —gritó Sandokán.
Con un golpe de cimitarra lo derribó y, arrojándose encima de él, le hundió el kriss en el corazón. Pero casi en el mismo momento recibió un golpe de mazo en la cabeza, haciéndolo caer.