Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Y Mariana? ¿Murió al hundirse el parao? ¡DÃmelo, Inioko!
—No, ella está viva.
—¡Vive! —gritó Sandokán loco de alegrÃa—. ¿Estás seguro?
—SÃ, mi capitán. Usted ya habÃa caÃdo, pero cuatro compañeros y yo resistÃamos todavÃa, cuando vimos que los ingleses traÃan al puente de esta nave a lady Mariana. Lo llamaba a usted, mi capitán.
—¡Maldición! ¡Y yo sin poder correr en su ayuda! ¿Sigue a bordo?
—SÃ, Tigre.
—¿No la han transbordado a la cañonera?
—La cañonera navega ahora bajo el agua.
—¿La echó a pique Yáñez?
—SÃ, capitán.
—¿Entonces Yáñez vive también?
—Poco antes que me trajeran aquà vi a gran distancia su parao que huÃa a velas desplegadas.
—Y de los nuestros, ¿no huyó ninguno?
—Ninguno, capitán —contestó Inioko, suspirando.
—¡Muertos todos! —murmuró Sandokán—. ¿Viste caer a Singal, el más valiente y el más viejo de mis piratas, y a Sangau, el león de las Romades?
—SÃ, capitán.
¡Qué carnicerÃa! ¡Pobres compañeros!