Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Yo no sólo hubiera respetado su vida, sino que le hubiera dado un mando en el ejército de la India —dijo el teniente—. Hombres tan audaces son muy raros hoy en dÃa.
—Gracias por sus buenas intenciones. Cuando usted me atacó, teniente, yo estaba a punto de dejar mi vida de pirata. Deseaba tener una vida tranquila junto a la mujer que amo. El destino no lo ha querido. ¡Máteme, sabré morir como valiente! No soporto pensar en la muerte que me espera en Labuán.
—Lo comprendo, Tigre.
—Pero algo podrÃa suceder antes de que lleguemos a Labuán.
—¿Piensa en el suicidio? Créame que no se lo impedirÃa. SentirÃa mucho ver que lo ahorcaran. Pero no puedo ofrecerle los medios para matarse.
—Yo los tengo.
—¿Algún veneno?
—¡Fulminante! ¿Puedo pedirle un favor?
—A un hombre que va a morir no se le puede negar nada.
—Quisiera ver por última vez a Mariana.
Después de un largo silencio, el teniente dijo con voz grave: