Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¿Qué ve, capitán?
—Es un parao. Pero..., ¡maldición, son tres los barcos que vienen!
—¿Habrá encontrado socorro el señor Yáñez?
—¡Es imposible!
—Capitán, hace tres horas que estamos nadando, y le confieso que ya no me quedan fuerzas.
—¡Comprendo! Amigos o enemigos, hagamos que nos recojan.
Inioko, con voz tonante, gritó:
—¡Eh, del barco! ¡Socorro!
Un instante después se oyó un tiro de fusil y una voz que gritaba:
—¿Quién llama?
—¡Náufragos!
—¿Dónde están? —preguntó la misma voz.
—¡Acércate! —respondió Sandokán.
Hubo un breve silencio, y después otra voz exclamó:
—¡Por todos los truenos! ¡O mucho me engaño o es él!
—¡Yáñez, Yáñez! ¡Soy yo, el Tigre de la Malasia!
De los tres barcos partió un solo grito:
—¡El capitán! ¡Viva el Tigre!