Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Tigres de Mompracem! —les dijo con ese tono que los fascinaba e infundÃa en aquellos hombres un valor sobrehumano—. Esta es la última batalla que darán bajo el mando del Tigre de la Malasia, y será también la última vez que se encontrarán frente a los que destruyeron nuestro poderÃo y violaron nuestra isla, nuestra patria. ¡Cuando yo dé la señal, salten sobre el puente del barco enemigo y acaben con ellos!
—¡Los exterminaremos a todos! —gritaron los piratas, agitando frenéticos sus armas.
—¡AllÃ, en aquel barco maldito, está la reina de Mompracem! —dijo Sandokán—. ¡Quiero que vuelva a mÃ!
—¡La salvaremos o moriremos todos!
—¡Gracias, amigos! Y ahora desplieguen la bandera del sultán. Dentro de una hora estaremos en la bahÃa. Los paraos avanzaron con las velas medio recogidas y con la gran bandera del sultán en la punta del palo mayor. Los piratas tenÃan las armas en la mano para lanzarse al abordaje.
Era mediodÃa cuando los paraos embocaron la ensenada. El crucero estaba anclado; sobre cubierta paseaban algunos hombres armados.
Yáñez estaba ya disfrazado de oficial del sultán de Varauni, con una casaca verde, amplios pantalones y un enorme turbante en la cabeza. En la mano llevaba una carta.