Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem De una parte y otra comenzó el cañoneo.
—¡Al abordaje! —gritó Sandokán—. ¡La partida no es igual, pero somos los tigres de Mompracem!
El parao, verdadero juguete comparado con el gigantesco crucero, se adelantó audazmente, cañoneándolo como mejor podÃa. Pero a pesar del valor desesperado de los tigres de Mompracem, el parao, acribillado por los tiros enemigos, ya no era más que un despojo.
Nadie hablaba de rendición. Todos querÃan morir, pero allá arriba, en la cubierta del buque enemigo. El cañón que disparaba Sabau habÃa sido desmontado y la mitad de la tripulación yacÃa tendida por la metralla. La derrota era completa. Sólo quedaban doce hombres que, con los ojos extraviados y los labios espumeantes de rabia, apretaban con manos de tenazas las armas, atrincherados tras los cadáveres de sus compañeros.
Sandokán lanzó su nave contra el barco enemigo. Fue un violentÃsimo encontronazo. Dos arpeos de abordaje se agarraron a las escalillas del crucero. Entonces los trece piratas, sedientos de venganza, aferrados a los postes y a los cables, se descolgaron sobre el puente antes de que los ingleses, asombrados de tanta audacia, pensaran en rechazarlos.