Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Creo haber visto antes a este prÃncipe malayo.
—¿Donde?
—No lo recuerdo bien, pero estoy seguro.
—Se equivoca, amigo mÃo.
—Ya lo veremos, milord.
—Asà será. ¡A caballo, señores! Cuidado con el tigre, que es muy grande y tiene unas garras feroces.
—Lo mataré de un solo balazo y ofreceré la piel a lady Mariana —dijo el oficial.
—Pienso matarlo antes que usted, señor —dijo Sandokán.
—Ya lo veremos, amigos —terció el lord—. Ahora, ¡a caballo!
El grupo se dividió para registrar en varias direcciones un bosque que se extendÃa hasta la costa. Sandokán, que montaba un animal muy fogoso, se internó por un sendero estrecho y se lanzó audazmente hacia la espesura, pues querÃa ser el primero en descubrir a la fiera.
—¡Vuela! —exclamó espoleando con furia al animal—. ¡Tengo que demostrarle a ese oficialillo impertinente de lo que soy capaz! ¡No será él quien ofrezca la piel del tigre a lady Mariana, aunque tenga que hacerme triturar!
En ese momento resonó la trompa en medio del bosque.
—¡Descubrieron al tigre! —murmuró Sandokán—. ¡Vuela, caballo, vuela!