Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Como un relámpago atravesó una parte del bosque. De pronto escuchó un tiro a muy corta distancia, seguido de una exclamación cuyo acento le hizo estremecer. A escape galopó hacia el lugar donde resonara la detonación, y en medio de una pequeña explanada descubrió a Mariana, con la carabina humeante entre las manos. Se le acercó con un grito de alegría.
—¡Usted aquí sola! —exclamó.
—Y usted, príncipe ¿cómo ha llegado aquí?
—Seguía las huellas del tigre.
—También yo. Disparé contra la fiera, pero huyó sin que lograra tocarla.
—¡Gran Dios! ¿Por qué expone su vida enfrentando a ese animal?
—Para impedir que usted cometa la imprudencia de apuñalarlo con el kriss.
—Ha hecho mal, milady. Pero la fiera está todavía viva y mi kriss dispuesto a partirle el corazón.
—¡Usted no hará eso! Es valiente, ya lo sé; es fuerte y tan ágil como un tigre, pero una lucha cuerpo a cuerpo con la fiera podría serle fatal.
—¡Qué importa! Quisiera que me produjera tan crueles heridas que tuviera que estar en curaciones un año entero.
—¿Por qué? —preguntó sorprendida la joven.