Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Sandokán, que no habÃa perdido una sÃlaba del diálogo, esperó cerca de media hora y después bajó a tierra.
—¡Está bien! Todos me siguen hacia el oeste. Marcharé entonces siempre hacia el sur, donde no encontraré enemigos. Pero tendré cuidado porque el sargento Willis viene pisándome los talones.
Emprendió su marcha, volvió a cruzar el torrente y comenzó a abrirse paso a través de una espesa cortina de plantas. Iba a rodear el tronco de un enorme árbol de alcanfor cuando una voz imperiosa y amenazadora le gritó:
—¡Si das un paso, te mato como a un perro!