Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Toman dos bambúes partidos por mitad; en la superficie convexa de uno de ellos se hace un corte, y luego con el otro bambú se frota la parte interior, primero lentamente y después con mayor rapidez. El polvillo que se desprende se inflama y cae sobre un poco de yesca de fibras que se tiene preparada. La operación es fácil y rápida.
Giro Batol puso a asar un buen trozo de babirusa. Mientras esperaban que estuviera en su punto, reanudaron su conversación.
—Partiremos esta noche, ¿verdad, capitán? —preguntó Giro Batol.
—SÃ, en cuanto se ponga la luna.
—¿Estará libre el camino?
—No te preocupes, sobre un sargento no pueden recaer sospechas.
—¿Y si, aún con ese traje, lo reconocen?
—Son muy pocas las personas que me conocen, y estoy seguro de no encontrarlas en estos bosques.
—¿Son relaciones importantes?
—Personajes de la nobleza, barones y condes.
—¡Usted, el Tigre de la Malasia! —exclamó Giro Batol, estupefacto.
En seguida le preguntó, casi con miedo:
—¿Y la muchacha blanca?
El Tigre fijó en el malayo una mirada que despedÃa sombrÃos reflejos, suspiró y repuso: