Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —¡Calla, Giro Batol! ¡No me traigas a la memoria recuerdos terribles!
Estuvo callado unos instantes, con la cabeza entre las manos; después, prosiguió, como para sÃ:
—Pronto volveremos a Labuán. ¿Cómo olvidar a su Perla, aunque esté en Mompracem junto a mis tigres? ¿No era bastante la derrota? ¡También tenÃa que dejar el corazón en esta isla maldita!
—¿De quién habla, mi capitán? —preguntó sorprendido el malayo.
Sandokán se pasó una mano por los ojos como para borrar una visión.
—¡No me preguntes nada! —exclamó.
—Pero, volveremos a Labuán a vengar a nuestros compañeros, ¿verdad?
—SÃ. ¡Pero quizás fuera mejor para mà no volver a ver más esta isla!
—¿Por qué, capitán?
—Porque esta isla podrÃa dar un golpe mortal al poderÃo de Mompracem, y acaso encadenar para siempre al Tigre.
—¿A usted, tan fuerte, tan terrible? ¡No puede temer a los leopardos ingleses!
—No, a ellos no. Mis brazos todavÃa son fuertes, pero ¿lo será también el corazón?
—No entiendo.