Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem —Mejor que no entiendas. ¡A la mesa, amigo! No pensemos en lo pasado.
Sandokán comió en silencio, e hizo menos honor al asado de lo que esperaba el malayo. Luego fue a tenderse en las frescas hojas.
—Durmamos algunas horas —dijo—. Vendrá la noche y entonces esperaremos que se oculte la luna.
El malayo cerró la puerta de la choza, apagó el fuego, se echó en un rincón y soñó que ya estaba en Mompracem.
En cambio Sandokán no pudo cerrar los ojos, a pesar del cansancio.
No era por temor a ser sorprendido por los enemigos, pues no habÃa posibilidad de ello. Era el recuerdo de la joven inglesa lo que alejaba el sueño de sus ojos.
¿Qué le habrÃa sucedido a Mariana después de su fuga? ¿Qué acuerdos habrÃan tomado el viejo lord y el baronet William Rosenthal? ¿La encontrarÃa todavÃa en Labuán cuando volviera? ¿La encontrarÃa libre? ¡Los celos ardÃan en el corazón del pirata! ¡Y no poder hacer nada por la mujer querida! ¡Nada más que huir para no caer bajo los golpes de sus odiados adversarios!