Los Tigres de Mompracem
Los Tigres de Mompracem Era una barcaza socavada en el tronco de un árbol, muy parecida a las que construyen los indÃgenas del Amazonas.
Desafiar el mar con semejante barca era una temeridad sin igual, porque bastaban unas cuantas olas para volcarla. Pero aquellos dos piratas no se asustaban por tan poca cosa.
Giro Batol fue el primero en saltar adentro y alzó de inmediato un pequeño mástil.
Sandokán, con los brazos cruzados, seguÃa mirando hacia el Este, hacia la casa de la Perla de Labuán.
—¡Capitán —dijo el malayo—, venga o dentro de poco será demasiado tarde!
Sandokán subió a la canoa, cerró los ojos y suspiró.