Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar El angloindio permaneció silencioso durante algunos Instantes mirando a la joven en aquellos momentos más hermosa que nunca; finalmente, dijo con voz en la que se advertía una vibración extraña:
-¡Qué felicidad encontrarme aquí después de tantos días de encierro, y al lado de usted todavía, cuando ya pensaba que no volverla a verla, después de su fuga de Redjang! ¡Me la jugó usted de veras, señorita!
-¿No me ha guardado usted rencor, sir Moreland, por haberle engañado?
-Ninguno, señorita; estaba usted en su derecho de recurrir a cualquier ardid para recobrar su libertad. Sin embargo, yo hubiera preferido tenerla prisionera,
-¿Por qué?
-No lo sé; me sentía feliz estando cerca de usted.
El capitán exhaló un largo suspiro y después añadió, con voz triste:
-¡Y, sin embargo, el destino me impondrá el deber de olvidarla!
-Sí, sir Moreland; será preciso Inclinarse ante la adversidad del destino.
-Todavía no sé -repuso el capitán- lo que haré para romper con los decretos de los hados.