Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Al mediodÃa, Yáñez y Sandokán tomaron la altura, y vieron que los separaba de Mangalum una distancia de ciento cincuenta millas; distancia que podÃan recorrer en poco más de veinticuatro horas, sin tener que forzar la máquina.
Ambos tenÃan prisa por llegar, pues el tiempo tendÃa a descomponerse rápidamente, a pesar de haber amanecido un dÃa magnÃfico.
Aparecieron unos cirros blanquecinos hacia el Sur, que se iban ensanchando y avanzaban lentamente: eran la vanguardia de nubes mucho más densas, y a los dos piratas no les agradaba la perspectiva de dejarse sorprender por un huracán en aquellos parajes llenos de bancos y de escolleras aisladas.
Efectivamente, el mar de la Sonda, tan abierto a los vientos frÃos del Sur y del Oeste, es uno de los peores para los navegantes, porque se forman en él olas tan gigantescas, que ni en el propio océano PacÃfico se ven de tales dimensiones.
Por otra parte, Mangalum no podÃa ofrecer un refugio seguro a un barco de gran porte, pues no contaba más que con una rada muy pequeña, suficiente tan sólo para los praos.
Los temores de los dos viejos lobos de mar, muy pronto se vieron confirmados.