Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Cuando ya los tigres de Mompracem se creÃan a salvo, de detrás de una alta muralla de escollos, vieron a salir a todo vapor cuatro soberbios cruceros de tanto bordo cada uno como el propio Rey del Mar.
-¡Mil diablos! -exclamó Sandokán -. ¿De dónde han salido esos navÃos? ¡Yáñez! ¡Manda que pongan la proa al Norte!
Los cuatro cruceros se habÃan lanzado sobre el Rey del Mar, pero, desgraciadamente para ellos, hablan aparecido demasiado tarde para tomar parte activa en el combate.
-¡Un momento antes y no sé cómo nos las hubiéramos arreglado! -dijo Yáñez, que les observaba a través de la aspillera de la torre de órdenes.
-Pero ahora, señor Yáñez, se quedarán a popa -dijo el ingeniero americano, que también los miraba con gran atención -. En cuanto a armamento, quizá puedan competir con nosotros, pero no en potencia de máquina, ganamos terreno a ojos vistas, y dentro de seis horas ya no los veremos.
-¿De quién serán esos barcos tan hermosos? -preguntó Tremal-Naik.
-No veo ondear ninguna bandera en su arboladura.
-Supongo que serán ingleses -respondió Yáñez -.