Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar En vez de ello, aquel valiente marino se había sentado tranquilamente en una mecedora que mandó subir al puente de órdenes, y se había puesto a fumar su pipa con una colma que dejó asombrados incluso a los malayos.
Ante la amenaza de Yáñez de hacerle embarcar a viva fuerza, contestó con un simple encogimiento de hombros.
Admirado ante aquella presencia de ánimo, y antes de dirigirse a sus hombres para que obligaran al capitán a deponer su actitud, el portugués mandó aviso a Sandokán de lo que sucedía.
-¡Ah!. ¿No quiere abandonar su barco? -respondió el Tigre de Malasia, que estaba a una distancia que permitía hacerse oír -. ¡Pues que se quede, ya que así lo desea!
Ordenó a las chalupas que se alejasen en seguida, amenazándolas con echarlas a pique, y no volvió a preocuparse de aquel hombre.
-¿Y dejaremos que vuele con su barco? -preguntó Yáñez.
-Ahora exploremos las carboneras, que deben de estar casi vacías, pues ese barco estaba a punto de terminar su viaje. Te envío un refuerzo de cien hombres, con objeto de no perder demasiado tiempo. Nos encontramos demasiado cerca de Bruni, y podrían sorprendernos.