Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Al escuchar esta resolución de sir Moreland, Yáñez frunció ligeramente el entrecejo.
-¿Piensa llevar gente consigo? - murmuró, bastante contrariado, pero tan bajo que nadie podÃa oÃrle -. ¡Bah! Los reduciremos a la obediencia tan pronto como estemos a la vista del mar.
Salieron todos juntos al patio, donde se encontraban los diez piratas alineados y apoyados en sus carabinas. Cuando vieron aparecer al capitán, presentaron armas con- tal precisión, que el propio Yáñez quedó asombrado.
-¡Son hombres fuertes! - dijo sir Moreland, después de haberlos mirado uno por uno -. ¡Vámonos!
Cuatro de los piratas formaron la vanguardia; detrás se pusieron Yáñez y Tremal-Naik y en seguida, a corta distancia, Damna con el capitán; en último término iban otros seis hombres. Los que iban delante llevaban un farol y tres antorchas para alumbrar el camino, pues el cielo habÃa vuelto a cubrirse con un espeso velo de bruma que impedÃa que las estrellas proyectaran esa vaga luz que despiden principalmente en la lÃmpida atmósfera de las regiones ecuatoriales.
Un profundo silencio reinaba en la llanura, sobre la cual se elevaba la colina, y sólo era interrumpido por los pasos ligeros del grupo. Incluso la resaca parecÃa haberse calmado, probablemente a causa del reflujo del mar.