Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Yáñez iba callado; pero de vez en cuando cambiaba una mirada con Tremal-Naik y le daba con el codo, como recomendándole la mayor prudencia. Detrás de ellos, el capitán dirigÃa a la joven algunas palabras en voz tan baja, que por más que el portugués aguzaba el oÃdo, no lograba captarlas.
Los piratas, por su parte, caminaban mudos como peces, con el dedo apoyado en el gatillo de sus carabinas, y dispuestos a lanzarse sobre el capitán a la primera orden.
Descendieron de la colina, y siguieron avanzando por entre las plantaciones. Como la senda era muy estrecha, Yáñez aprovechó esta circunstancia para alejarse del capitán.
-Es preciso que estés dispuesto a todo -susurró a Tremal-Naik, tan pronto corno estuvo seguro de que no podÃan oÃrle.
-¿Y Sandokán? -preguntó en voz baja el hindú.
-Nos espera dando bordadas.
-¡A qué riesgos acabas de exponerte, Yáñez!
-HabÃa que intentar un golpe de audacia, porque sin vosotros no estábamos libres para dar principio a las hostilidades.