Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Muchachos, a bordo!
Ayudó a subir a Damna a la barcaza y tras ellos subieron todos.
-¡Apresurémonos! -dijo Yáñez.
Mandó desatar uno a uno a los indios que componÃan la tripulación de la barcaza, deslizó en el bolsillo del sargento un puñado de libras esterlinas y les ordenó trasladarse a la chalupa mientras les decÃa:
-El capitán Moreland os espera en la playa. Saludadle en mi nombre y dadle las gracias por la barca de vapor que me ha regalado. Señor Horward, a todo vapor.
El americano hizo silbar la máquina repetidas veces, como si se despidiese irónicamente de los hombres de la chalupa, y una vez levada el ancla, la barcaza bogó con rapidez hacia la salida de la bahÃa.
Yáñez confió la barra del timón a Sambigliong y se fue hacia la proa para colocarse junto a Tremal-Naik, que sondeaba atentamente las tinieblas, procurando descubrir el buque de Sandokán, que debÃa de estar surcando las aguas a poca distancia de la costa.
Como llevaba todas las luces de a bordo apagadas, no resultaba fácil poder divisarlo.