Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -Que también estarÃa yo más contento si hubiera salvado mi buque y mis marineros. ¡Ah señorita, no esperaba que fuese derrotado por los protectores de usted de un modo tan desastroso! Y, sin embargo, puede usted creerlo, no lamento mi prisión.
-Sir Moreland -dijo Sandokán -, ¿no sabe usted que esta noche pasada por poco nos sorprenden los barcos ingleses?
-¿La escuadrilla de Labuán? -preguntó, emociona, do, el herido.
-Supongo que seria ella; pero hemos logrado engafiarla y aludir con facilidad el peligro.
-No imagine usted que siempre haya de tener la misma fortuna -dijo el angloindio. Un dÃa cualquiera, probablemente el menos pensado, se encontrará delante de un hombre que no le dará cuartel.
-¿Alude usted al hijo de Suyodhana? -preguntó Sandokán.
-No puedo darle más explicaciones. Es un secreto que no puedo violar -contestó el angloindio.
-No puede ser ningún otro salvo él -dijo Yáñez -, aun cuando haya afirmado usted que no sabÃa nada de ese obstinado y misterioso adversario.
Sir Moreland pareció no haber oÃdo a Yáñez; estaba mirando a Damna con expresión de angustia.