Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Toda la gente de mar del Reino Unido temblaba cuando oía hablar del «gato de nueve colas», al que temían más que a la muerte. Para demostrar el fondo de verdad que había en esto, baste decir que fue con esas famosas disciplinas con las que los jueces de Londres pusieron término a la banda de estranguladores que de noche se escondían en los quicios de las puertas y que con una cuerda de nudo corredizo mataban a los desprevenidos transeúntes nocturnos.
La pena de muerte, aplicada a varios de esos bárbaros, no fue bastante para aterrorizar a los otros; pero apenas se decretó aplicar a aquella gente un espantoso número de golpes con el «gato de nueve colas», hasta hacer morir al condenado, la banda se disolvió y no volvió a morir por estrangulación un solo transeúnte.
Bill, que había dicho ser un marinero inglés, no debía desconocer la gravedad de aquella pena; pero aquel hombre, que debía de poseer una energía a toda prueba y una audacia más que extraordinaria, miró fríamente a Asthor, que se acercaba sacudiendo las nueve correas de cuero endurecido.
—Desnudadle las espaldas —dijo el viejo marinero.
Ante esta orden, el náufrago tembló e intentó rechazar a los marineros, diciendo con voz aguda:
—¡Ah, no! ¡Eso, no!