Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico El capitán no quiso descansar y permaneció sobre cubierta con todos los tripulantes. Estaba intranquilo, inquieto; visitaba con frecuencia la brecha, que oponía muy débil resistencia a los golpes de mar, y bajó varias veces a la estiba para asegurarse de la solidez del palo de mesana, el cual, como había sido privado del apoyo del palo mayor y cortadas todas las cuerdas que le unían a él, podía caer sobre cubierta.
A las diez de la noche el viento soplaba con gran violencia entre las cuerdas y las velas, y la enorme nube, que se había extendido sobre el Océano, relampagueaba y tronaba fragorosamente.
Las olas batían los flancos del pobre buque, que cabeceaba y sumergía la proa, dando fuertes testarazos a babor y estribor. Para mayor desgracia, la oscuridad era tan profunda que a pocos metros de distancia no se distinguía nada.
Ana estaba sobre cubierta, a pesar de los ruegos del capitán, y miraba intrépidamente el tempestuoso Océano, como si quisiera desafiarle. La joven no temblaba y quería mostrarse digna de un padre que pasaba por uno de los más intrépidos lobos de mar de las dos Américas.