Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Ladrones!
—¡Asesinos!
—¡Fuera de aquÃ, bandidos!
—¿Queréis la hija del Corsario? ¡Tomadla con la punta del acero!
Mientras los tres hombres batallaban en las tinieblas sin atreverse a avanzar un paso, Carmaux habÃa, por fin, encontrado las antorchas pero no al plantador, que habÃa aprovechado la ocasión de huir, y encendió una.
—¡Ahora veremos cómo se las arreglan! —dijo—. ¡Es preciso que dejen el paso libre, o los atravesaré con la estocada napolitana que me enseñó El Corsario Negro!
Abrió la puerta y se precipitó en la sala gritando:
—¡Abajo las armas, u os matamos!
Los dos españoles se pusieron en guardia y respondieron:
—¡Avanzad, si os atrevéis!
Carmaux plantó la antorcha en una fisura del pavimento, y avanzó diciendo:
—¡Tú, con el soldado; yo, con el capitán!
—¡SÃ! —repuso el hamburgués.
Pero antes de cruzar los aceros, Carmaux hizo una última tentativa.