Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Somos discÃpulos del Corsario Negro, que fue el más formidable espadachÃn de las Tortugas —dijo—. ¡Os mataremos con toda seguridad! ¿Queréis rendiros y entregarnos a la señorita de Ventimiglia?
—¡El capitán Valera no se rinde a un granuja de tu especie! —repuso el español—. ¡Ya verás cómo te rajo el vientre!
—¡Truenos del aire! ¡Sea!
De un salto se lanzó Carmaux a la mesa tras la cual estaban los dos españoles, y cruzó su espada con la del capitán.
Wan Stiller por su parte, cayó sobre el soldado, que se vio obligado a abandonar su refugio para no ser cogido de espaldas.
Los cuatro duelistas mostraban conocer a fondo los secretos de la esgrima y ser espadachines de valÃa.
Pero los dos corsarios, que habÃan hechos sus primeras armas con El Corsario Negro, el más famoso esgrimidor de su tiempo, desde los primeros golpes inspiraron algún miedo a los españoles, que se habÃan figurado poder terminar pronto el combate, por no ser temibles en general los filibusteros más que como arcabuceros, Carmaux atacaba furiosamente al capitán, sin concederle un instante de tregua. Le habÃa obligado a abandonar el parapeto y retroceder dos o tres veces, y a la sazón combatÃan en un ángulo de la sala.