Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Wan Stiller enloquecÃa al soldado con una lluvia de estocadas. Ya le habÃa tocado dos veces; pero como el español tenÃa el pecho cubierto con la coraza, no le habÃa hecho ningún daño.
Se comprendÃa que su adversario, bastante menos diestro que el capitán, no podÃa resistir demasiado tiempo.
—¿Te rindes? —preguntó al cabo de un rato el hamburgués, viendo que ya no paraba las estocadas con la rapidez de antes.
—¡Nunca! —contestó el soldado—. ¡Los coraceros mueren, pero no se rinden!
—¿No ves que voy a matarte y que ya no puedes más?
—¡Entonces, toma esta!
El soldado, que estaba junto al marco, con un movimiento imprevisto se lanzó sobre el hamburgués, y mientras le cogÃa la espada guarda contra guarda, alargando la pierna, intentaba echarle una zancadilla para hacerle caer.
—¡Ah, traidor! —gritó el hamburgués—. ¡Eso no es leal! ¡Muere, pues!
Se echó atrás para dejar libre su acero, y se tiró a fondo rápidamente.
La punta de su espada entró por la axila derecha del soldado, no defendida por la coraza, y desapareció en el cuerpo del desgraciado.