Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro El capitán cogió su espada con ambas manos, la apoyó en una rodilla y la partió en dos, diciendo:
—¡Soy vuestro prisionero!
—¡Ya no sabemos qué hacer con los que tenemos! —dijo Carmaux—. Morgan tiene demasiados. Es a la hija del Corsario Negro a quien venimos a buscar.
—Me ha sido confiada por el Gobernador, y sin orden suya no puedo entregarla.
—El Gobernador huyó a los primeros cañonazos, y no sabemos dónde estará. Asà es que no puede en este momento daros el permiso.
—¿Han tomado, pues, la ciudad?
—Está en nuestro poder hace tres horas.
—Entonces, señores, toda resistencia por mi parte serÃa inútil, ya que todos han huido, hasta el Gobernador.
—¿Dónde está la señorita de Ventimiglia?
El capitán tuvo una última vacilación, y al fin dijo:
—Os la entregaré, si me prometéis que vuestro capitán me permitirá salir de la ciudad sin ser molestado.
—El señor Morgan os lo concederá —dijo Carmaux—. Empeñamos nuestra palabra.
—Coged las antorchas y seguidme.