Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —No; porque os protegeremos. ¿Habéis visto al Gobernador?
—¿A cuál?
—Al Conde.
—No; y no creo que haya venido aquÃ. Estoy seguro de que perdéis inútilmente el tiempo buscándole.
—¿Y el de la ciudad?
—También ha huido, señor, después de los primeros cañonazos y de haberme hecho apalear.
—¿A vos? ¿Por qué?
—Porque le he llevado la carta del capitán Morgan. ¡Tengo todos los huesos rotos! ¡Malditos gallos! ¡Sin aquella riña no me hubierais cogido, yo no tendrÃa que soportar tantas desgracias!
—¡Os hicimos ganar un puñado de piastras, y os quejáis! —dijo Stiller riendo—. ¡Esa es la gratitud de los hombres!
—¡Venid, don Rafael! —dijo Carmaux—. Os haremos pasar el susto con un par de botellas de Alicante, de aquel que tanto os gusta. Mi camarada sabrá desenterrar alguna bodega.