Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Tratemos de encallar en alguna costa plana. Despleguemos algunas velas, y tratemos de aproximarnos antes de que la nave se llene de agua.
Cuando subieron a cubierta encontraron a Yolanda, que, prevenida por Carmaux del peligro que corrÃa la nave, habÃa salido de su camarote.
—¿Nos vamos a pique, señor Morgan? —preguntó con su acostumbrada tranquilidad.
—TodavÃa no, señorita —repuso el filibustero—. Antes que la nave se llene de agua pasarán por lo menos dos horas, y nos basta una para llegar a la costa. ¿La veis allá, hacia el sur?
—¿No se despedazará el velero? Veo estrellarse las olas contra la costa.
—SÃ, el mar se pone duro —repuso Morgan mirando las olas, que aumentaban rápidamente de volumen bajo el soplo de un viento bastante vivo—. Sin embargo, confÃo en encontrar un buen sitio para encallar la nave.
Y elevando la voz, gritó:
—¡Todos sobre cubierta, e izad las velas!
Todos subieron a cubierta, incluso Carmaux y Wan Stiller, que en aquellos momentos juzgaron inútil vigilar al Gobernador.
Enormes olas, que se formaban a la vista de la tripulación, embestÃan contra la nave.