Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Cuando pudo abrir los ojos vio la nave a unas brazas de distancia, que se alejaba arrastrada por la corriente.
Yolanda se habÃa desvanecido en sus brazos.
—¡A mÃ! ¡A mÃ! —gritó espantado Morgan.
Una voz que no estaba lejos respondió a su llamada.
—¡Voy, capitán!
Una cabeza humana apareció entre la espuma, desapareciendo en seguida bajo una ola.
Viendo Morgan que la joven estaba inerte, trataba de tenerla fuera del agua para evitar la asfixia, y se puso a nadar desesperadamente.
Hombre acostumbrado a luchar con el mar, aunque la joven dificultara sus movimientos, no se asustaba. Ya otras veces se habÃa librado de la muerte lanzándose al agua antes de que la nave se fuese al fondo.
Lo que más le preocupaba era la violencia de las olas y la proximidad de la costa. Si bien esta representaba la salvación, también ofrecÃa muchos peligros con la furiosa resaca que rugÃa.
Repitió la llamada con siniestro fragor, y oyó la misma voz de antes, que le contestaba:
—¡Un momento, señor Morgan! ¡Voy!
Un grito de alegrÃa se escapó de los labios de Morgan.
—¡Carmaux!