Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡El mismo, señor Morgan!
—¡Date prisa!
—¡Malditas olas!
—¡La señorita de Ventimiglia se ha desmayado!
—¡Por cien mil cuernos! ¡Uff! ¡La señora…! ¡El mar…! ¡Ya estoy aquÃ!
Haciendo un último esfuerzo, el brazo marinero llegó junto a Morgan.
—¡AquÃ! ¡Apoyaos, capitán! ¡He logrado pescar un salvavidas cuando me llevó el agua! ¡Truenos de Hamburgo, qué dirÃa Wan Stiller, la señorita aquÃ!
Viendo cerca al marinero, que se apoyaba en el anillo de corcho, Morgan alargó la mano que tenÃa libre mientras con la otra sostenÃa a la joven, que aún no habÃa vuelto en sÃ.
—¡Gracias, Carmaux! —dijo mientras otra ola los empujaba hacia la playa.
—¿Habéis tocado tierra, capitán?
—Yo, no.
—¿La señorita está desvanecida?
—Acaso la ola la empujó contra la banda. ¡Ayúdame, Carmaux, y escudémosla cuando caigamos a la playa! ¡Que yo me rompa las costillas, poco importa; pero salvemos a la joven!
—¡Yo recibiré el primer golpe, capitán! —repuso Carmaux pasando un brazo por la cintura de la joven—. ¿Y la nave, adónde ha ido, que ya no se le ve?