Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —La he visto a lo lejos. ¡Cuidado! ¡He tocado fondo! ¡Estamos en la orilla! ¡No dejes a la señorita, Carmaux!
—¡No, señor Morgan!
La ola los envolvió a los tres. El estrépito era tal, que no lograban hacerse oÃr.
Morgan hacÃa desesperados esfuerzos por tener a la joven casi fuera del agua; pero de cuando en cuando la espuma los cubrÃa.
Ya por dos veces habÃan tocado tierra, cuando una ola, que avanzaba mugiendo, los levantó a prodigiosa altura, empujándolos hacia adelante.
—¡No dejes…! —Tuvo apenas tiempo de gritar Morgan.
Sintió que sus piernas se doblaban y quedaban como aprisionadas. La ola pasó sobre ellos, pero los obstáculos que los habÃan aprisionado no cedieron.
—¡Estamos en tierra! —gritó Carmaux—. ¡Estamos salvados!
La ola los habÃa arrastrado hacia un grupo de mangles, y las raÃces de estas plantas no solo los habÃan detenido, sino que habÃan amortiguado el choque.
Si los hubiese empujado algo más allá, indudablemente se hubieran estrellado contra los primeros troncos de la floresta.
—¡Huyamos antes de que vuelva el agua! —gritó Morgan.